Solo creo en los amores que ven mas alla de los cuerpos…..

Solo creo en los amores que ven mas allá de los cuerpos y leen almas. Solo creo en los amigos que respetan los tiempos. Solo creo en los humanos que son capaces de verse a si mismos. Solo creo en mi cuando estoy en calma. Porque los amores que ven cuerpos, se acaban con los años. Porque los amigos que no respetan, son solo buitres al acecho. Porque los humanos que no se ven a si mismos, creen que son siempre los otros los equivocados. Y porque cuando yo no estoy en calma, soy todo aquello en lo que no creo. αレεյαηdrα ßαレdrïςh

El silencio del Alma…

EL SILENCIO DEL ALMA

El templo de Dios está dentro de tu alma. Penetra en esa quietud y permanece allí en meditación, con la luz de la intuición brillando sobre el altar. En ese lugar sagrado no hay intranquilidad, ni búsqueda, ni esfuerzo alguno. Sumérgete en el silencio de la soledad. Penetra en el íntimo Santuario del Alma. Recuerda y toma plena conciencia de la olvidada imagen de Dios que mora en tu interior. Cada uno de nosotros es un hijo de Dios, nacido de su Espíritu, en toda su pureza, gloria y gozo. Esta es una herencia inalienable. En la Biblia se dice “¿acaso no sabéis que sois el templo de Dios y que su Espíritu habita en vosotros?”. Ten siempre presente que tu padre te ama incondicionalmente. No necesitamos huir hacia la selva para buscarle: podemos encontrarle en medio de la jungla de la vida cotidiana, en la gruta del silencio interior. La verdadera oración es una expresión genuina del alma, un impulso que brota de ella; es un hambre de Dios que surge de muy adentro y que le manifestamos ardiente, silenciosamente. Habla constantemente con Dios en tu interior, y el no podrá permanecer alejado de ti.

Paramahansa Yogananda

Cualquiera te puede acelerar…

Cualquiera te puede acelerar el corazón, pero no cualquiera te hace vibrar el alma Afortunado aquel que haya podido experimentar la lluvia de sensaciones y emociones que se sienten con el simple hecho de pensar en el ser amado. Indiscutiblemente resulta muy placentero cuando con un mensaje al oído la piel se eriza y se acelera el corazón, pero esto queda corto y pequeño comparado a la sensación de que alguien haga vibrar nuestra alma. Acariciar el alma va más allá de un aspecto físico en la relación, va más allá de lo evidente, es un proceso que se lleva a cabo desde la profundidad del ser, cuando se produce una conexión emocional que supera en intensidad a lo que sentimos a través de cualquier encuentro físico. Vamos por la vida conociendo a muchas personas, unas nos gustan más que otras, unas nos brindan cosas que otras no, a algunas les damos una parte de nuestro ser mientras, pero todo eso se ve tan pequeño cuando en realidad nos topamos con esa persona que nos hace vibrar el ama, con quien sentimos una conexión que va más allá de lo conocido, que trasciende los espacios, que nos hace pensar que todo lo vivido anteriormente fue un demo en cuanto al amor se refiere. A esta persona la apreciamos más allá de lo físico, nos despierta los sentimientos más profundos, con ella nuestros instrumentos de medición cambian sus escalas de medición para adatarse a lo que sentimos. Es fascinante como luego de conocer a esa persona nada vuelve a ser como antes, nuestra vida queda con una especie de tatuaje en el corazón y se fomenta un sentido de pertenencia y de permanencia que hace que todo lo demás carezca de sentido. Sabemos que nadie es perfecto, pero también sabemos que hemos encontrado a la persona que hace perfecta nuestra vida, que aun respetando nuestros espacios, nuestra independencia, nuestros proyectos individuales, somos uno, que nos conocemos como si la eternidad se hubiese encargado de cruzarnos una y otra vez, para amarnos una y otra vez. Nuestras hormonas bañan nuestros espacios físicos, mientras nos deleitamos con la energía que fluye en nuestro ser, esa energía que nos aclara que todo está bien, que la admiración, que el amor, que las ganas, que la complicidad, que la amistad están perfectamente acopladas con la del otro. En estas uniones las distancias físicas pierden importancia, la conexión va más allá, no hay ningún miedo a perder al ser amado, porque se sabe que no sería una pérdida, se sabe que será una pausa porque en definitiva están conectados a través de algo que no conoce de tiempo, ni de distancias, ni de separaciones, se saben uno viajando y encontrándose a lo largo de sus vidas, que van más allá de lo que sabemos manejar. De “La ficha que faltaba”

Dalai Lama

Las Dos Verdades. Cuando hablamos de comprender la naturaleza de las dos verdades, debemos recordar que no son dos reinos o niveles de existencia independientes, diferentes e inconexos. Existen diversas escuelas filosóficas con distintos niveles de comprensión de las enseñanzas sobre las dos verdades. Mi comprensión sobre las dos verdades está basada en la perspectiva de los pensadores indios de la escuela madiamika, por quienes tengo una preferencia particular que está asentada en la admiración. Desde el punto de vista madiamika, la realidad a nivel de la existencia convencional está constituida por la experiencia ordinaria en el reino de causa y efecto, que es el reino de la multiplicidad y la diversidad en donde vemos funcionar las numerosas leyes de la realidad. Este nivel de la realidad se denomina realidad convencional o verdad convencional, porque la verdad de tales experiencias y percepciones es esencialmente específica de ese nivel convencional de comprender el mundo. No obstante, si examinamos la realidad con mayor profundidad, encontramos la naturaleza última de la realidad, a saber, que ningún fenómeno o evento, ni siquiera el propio yo, existe dentro de una realidad independiente e intrínseca. Lo que encontramos, cuando observamos más profundamente la naturaleza de la realidad, es que la causación de la originación de todos y cada uno de los fenómenos es resultado de una agregación de numerosas causas y condiciones. ¿Qué nos indica esta naturaleza interdependiente y causal de la realidad? Que no hay nada, ningún evento, ni siquiera el propio yo, que posea una realidad independiente, autónoma y diferente. Las cosas y los acontecimientos son, en cierto sentido, dependientes; surgen dependiendo de múltiples factores. Se dice que la verdad última es esta ausencia de todo tipo de realidad independiente y autónoma. La razón por la que se la llama verdad última es que no es obvia para nosotros, en nuestro nivel ordinario de percepción y comprensión del mundo. Necesitamos investigar más profundamente para encontrarla. Estas dos verdades son, ciertamente, dos lados de una misma cosa, dos perspectivas sobre un mismo mundo. El principio de las dos verdades es muy importante, porque afecta directamente a nuestra comprensión de la relación entre nuestra percepción y la realidad del mundo. En la literatura budista india encontramos una tremenda cantidad de explicaciones, deba tes y análisis concernientes al modo en el que percibe el mundo la mente o la consciencia. Se plantean preguntas como: “¿Cuál es la naturaleza de la relación entre nuestra experiencia subjetiva y el mundo objetivo?” y, “¿en qué medida nuestras experiencias están constituidas por el mundo que percibimos?”. Creo que la razón por la que han habido tantas discusiones, debates y análisis sobre tales cuestiones es que la comprensión de estos temas juega un papel crucial en el desarrollo y adiestramiento de la propia mente.

Dalai Lama.