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Descubre al fin TODA LA VERDAD sobre el MITO de Jesucristo

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¿Cuál es el origen de la leyenda de Cristo, el hijo de Dios nacido de una virgen un 25 de diciembre? Estoy seguro de que están ustedes familiarizados con su historia, según la cual nació en un pesebre rodeado de pastores y a continuación creció para ser Uno con su Padre en los Cielos. Y sin lugar a dudas podrán traer a la memoria la secuencia de acontecimientos que se produjo cuando este Cristo, Hijo de Dios reunió a sus principales discípulos antes de soportar todo lo que le hicieron y resucitar tres días más tarde. Finalmente, tenemos la escena hacia el final de su tiempo en la Tierra, en la que profetiza su retorno y a continuación asciende a los Cielos.

Ahora la pregunta que les hago es la siguiente: ¿Quién entre ustedes está en este momento murmurando entre dientes “Sólo puede ser la leyenda cristiana de Jesucristo”? Bien, para el resto, me permito informarles de que muchos años antes del nacimiento de Jesús, una leyenda idéntica a la suya fue la historia comúnmente aceptada de la vida del Hijo de Dios persa, Mitra. Y antes que Mitra, una leyenda muy similar ya había sido adscrita a muchos otros Hijos de Dios de todo el mundo, entre ellos el dios griego Dionisos, el egipcio Osiris, el sumerio Dumuzi y el hindú Murugan. De hecho, si seguimos remontándonos en el tiempo muchos miles de años atrás, descubriremos que esta leyenda universal surgió en realidad con el Hombre Verde, hijo divino de una diosa virgen que nació, murió y finalmente resucitó, en un ciclo cuya secuencia se repite todos los años.

De este modo, ¿cómo fue posible que esta leyenda tan común acabara finalmente siendo ‘escogida’ para convertirse en la leyenda de Jesús? Empecemos en el momento en el que aún era el mito del antiguo Hombre Verde, y sigamos adelante hasta la época del Hijo de Dios cristiano.

El antiguo Hombre Verde

En la época neolítica, en la que según dicen algunos “Dios era una Mujer,” la Diosa y su Hijo, el Hombre Verde, eran venerados por gentes de todo el mundo para renovar anualmente la abundancia material de los frutos de la Tierra. Surgió una leyenda universal acerca de ellos, dando comienzo la fecundación anual de la “virgen” Diosa Tierra por parte del Sol, el “Padre del Cielo,” con el consecuente nacimiento de su Hijo, el Hombre Verde. Este importante acontecimiento tenía lugar anualmente en torno al solsticio de invierno, cuando el espíritu del Hombre Verde, que llevaba un tiempo adormecido bajo tierra en el inframundo, era traído de nuevo a la vida. Pero aunque su espíritu durmiente había sido ya animado, el Hombre Verde aún no había despertado por completo. Esto no ocurría hasta algunos días más tarde, el 25 de diciembre, cuando el Sol o Espíritu Solar invertía definitivamente su camino descendente y empezaba a dar pasos de manera ostensible en dirección norte.

Éste era un importante ritual del tipo “como es arriba, es abajo.” Se creía que el Espíritu Solar renovado y revitalizado en las alturas celestiales había despertado de nuevo y revitalizado el espíritu de su hijo, que habitaba más abajo, en el interior de la Tierra. Y ahora, el futuro Hombre Verde podía comenzar su período anual de gestación en el útero de su madre, la Tierra virginal, antes de recibir un nuevo y resucitado cuerpo con la llegada de la primavera.

Escultura del Hombre Verde en un festival pagano. (CC BY-NC-SA 2.0)

Escultura del Hombre Verde en un festival pagano. (CC BY-NC-SA 2.0)

La leyenda de la Diosa y el Hombre Verde salta entonces al equinoccio vernal o de primavera, cuando el Hombre Verde está finalmente listo para emerger del útero de su madre. Este es el momento del año en el que la luz “masculina” es equivalente a la oscuridad “femenina”, y su polaridad masculino/femenino se unifican plenamente para producir una renovada inyección de energía vital que cubre y fertiliza la tierra. El cuerpo fetal del Hombre Verde está ahora listo para nacer del útero de la Madre Tierra bajo la forma de nuevos y tiernos brotes primaverales. Muy pronto, su resurrección anual será plena. Esto ocurrirá alrededor del mismo día que nuestra Pascua, una festividad religiosa moderna asociada con la resurrección mucho más reciente de otro Hijo de una virgen.

La leyenda del Hombre Verde recorre entonces los cálidos meses de verano, en los que el Hijo madura rápidamente al igual que crece y madura la vegetación en la naturaleza. Madura de hecho tan rápido, que el Hombre Verde no sólo se hace Uno con su Padre Celestial, sino que consigue aparearse e inseminar a su propia madre. Esta cohabitación produce un segundo influjo de fructífera energía vital sobre la Tierra, que se manifiesta como una segunda proliferación vegetal y acompaña a la cosecha. En último término, este hecho acaba acelerando el final del Hombre Verde, que poco después acaba muriendo con la decadencia de la vegetación y la caída de las hojas que se producen en otoño. ¿La causa de su muerte? Los sacerdotes que interpretaron su leyenda milenios más tarde aseguraban que moría por los pecados de la humanidad. Se creía en el pasado que a causa del pecado original no sólo la humanidad perdió su propio derecho de alcanzar la vida eterna, sino también el de toda la vida sobre la Tierra.

En las postrimerías de la era neolítica, cuando surgieron las civilizaciones para sustituir a otras culturas puramente agrícolas, la antigua leyenda de la Diosa y el Hombre Verde se extendió y adoptó tintes religiosos. Se convirtió de este modo en un mito oficial que era recitado anualmente y escenificado de forma dramática en templos y escuelas mistéricas de las nuevas e incipientes ciudades, naciones e imperios. Una de las características de esta línea de evolución del mito fue que el Hombre Verde adoptaba ahora el papel adicional de Rey del Mundo, gobernando a éste bajo la autoridad de su madre, la Tierra. Y en algunas versiones de la leyenda se decía que el Hijo encontraba la muerte al llegar el otoño a manos de su hermano sin escrúpulos, o de un dios oscuro y maligno.

Ishtar y Tammuz

En las ciudades de la antigua Mesopotamia, la leyenda neolítica se transformó en la historia de diosas como Inanna o Ishtar, que cada año daban a luz al Hijo, el Hombre Verde, futuro rey bajo el nombre de Dumuzi o Tammuz. Se decía entonces que Dumuzi/Tammuz crecía para aparearse con su propia madre, al tiempo que gobernaba la Tierra para ella. A fin de reflejar esta antigua leyenda en su cultura, los habitantes del Creciente Fértil coronaban a aquellos individuos de sus ciudades-estado reconocidos como encarnación de Dumuzi/Tammuz y siervos reales de la Diosa Inanna/Ishtar.

Grabado desenterrado en la sala principal del palacio de Arad. Representa dos imágenes casi idénticas de un hombre con la cabeza en forma de gavilla o rama, uno de ellos de pie y el otro tumbado en el suelo. La escena podría representar al dios de la fertilidad Tammuz o a una deidad similar, que moriría en otoño para resucitar en primavera. Museo de Israel. (CC BY-NC-SA 2.0)

Grabado desenterrado en la sala principal del palacio de Arad. Representa dos imágenes casi idénticas de un hombre con la cabeza en forma de gavilla o rama, uno de ellos de pie y el otro tumbado en el suelo. La escena podría representar al dios de la fertilidad Tammuz o a una deidad similar, que moriría en otoño para resucitar en primavera. Museo de Israel. (CC BY-NC-SA 2.0)

Esto también se cumplía en Egipto, donde los poderosos faraones eran considerados encarnaciones de Horus, el hijo de la diosa Isis, y gobernaban bajo la autoridad de ésta. Pero en la tierra de Kemet, aunque el espíritu del faraón que ocupaba el trono era Horus, su cuerpo físico estaba formado por Seth, el dios que regía la cristalización de la energía en carne física. Juntos, Horus y Seth eran los “gemelos” divinos que formaban el cuerpo físico y el espíritu del faraón, convirtiendo de este modo a los monarcas egipcios en representantes del primer y más grande rey, Osiris, el Hombre Verde.

Osiris, el dios egipcio equivalente al antiguo Hombre Verde del Neolítico. (Public Domain)

Osiris, el dios egipcio equivalente al antiguo Hombre Verde del Neolítico. (Public Domain)

Como el antiguo Hombre Verde, también Osiris moría y resucitaba anualmente de forma acorde con la vida y la muerte de la vegetación de la naturaleza. La ceremonia anual de la resurrección de Osiris tenía lugar en la época del año en que se producía la crecida del Nilo, cuando los primeros y tiernos brotes verdes de la naturaleza asomaban tímidamente sus frágiles cabezas sobre la superficie de la Tierra.

Sémele y Dionisos

En una de las versiones del popular mito egipcio de Osiris, el dios era asesinado por su celoso y maléfico hermano Seth cada año al llegar el otoño. Este acontecimiento se veía reflejado en la leyenda del equivalente griego de Osiris, el Hombre Verde Dionisos, a quien daban muerte cada año sus parientes los maléficos Titanes, pero que resucitaba más tarde. De forma parecida a como ocurría con el Hombre Verde Osiris, la madre de Dionisos era una diosa de la Tierra llamada Sémele, que significa “Tierra”, mientras que su padre era Zeus, el Padre Celestial.

Dionisos representado como Hombre Verde (Public Domain)

Dionisos representado como Hombre Verde (Public Domain)

A fin de despertar a Dionisos de su sueño al llegar el solsticio de invierno, las representantes femeninas de la diosa golpeaban ruidosamente ollas y cacharros mientras danzaban a lo largo de su procesión ritual hasta la cima nevada del monte Parnaso. Y tras recibir sus nuevos ropajes en el siguiente equinoccio de primavera, el Hijo Divino se regocijaba en la naturaleza junto con su reflejo y alter-ego, Pan, un nombre que significa “el Todo,” como en “Toda la Naturaleza.”

Como Osiris, Dionisos se convertía en Dios del Mundo, y al igual que su equivalente egipcio, Dionisos era reconocido por haber recorrido el mundo entero mientras enseñaba a sus muchos súbditos el arte de elaborar y beber ritualmente vino.

Un joven Dionisos. (Public Domain)

Un joven Dionisos. (Public Domain)

El vino procedente de la uva era considerado la sangre de la naturaleza, y al ser Dionisos la encarnación de la naturaleza, era también su propia sangre. De este modo dio comienzo el ritual de la sagrada comunión a través del consumo del cuerpo y la sangre del Hijo Divino.

Así pues, ¿cómo acabó la tan conocida leyenda del Hombre Verde convirtiéndose finalmente en la leyenda de Jesús? Empecemos repasando el mito del antiguo Hombre Verde y sigamos adelante en el tiempo hasta la época del Hijo de Dios cristiano.

El Hijo de Dios hindú

Cuando el conquistador macedonio Alejandro Magno llegó a la India, observó una gran cantidad de rituales en los que se veneraba la efigie de un Hijo Divino que le recordaba a su amado Dionisos. Esta semejanza resultaba tan evidente que Alejandro y sus hombres se sintieron finalmente en la obligación de exclamar: “Conocemos a vuestro Hijo Divino, también es el nuestro. Nosotros le llamamos Dionisos.”

La figura central de esta vasija decorada representa a Dionisos empuñando un Tirso. (Public Domain)

La figura central de esta vasija decorada representa a Dionisos empuñando un Tirso. (Public Domain)

De hecho, resultaba tan parecido el Hijo Divino hindú a Dionisos que surgió la leyenda de que el Hijo de Dios griego habría nacido en la India o pasado gran parte de sus primeros años siendo criado allí antes de viajar hasta Grecia. Además, se descubrió una ciudad llamada Nisa en la India, el mismo nombre de la ciudad en la que nació Dionisos en Occidente según la tradición, con lo que los ‘Hijos Divinos’ de griegos e hindúes se convirtieron en sinónimos. El nombre Dionisos significa “el Dios de Nisa.”

Al igual que su equivalente griego, el siempre joven y afeminado Dionisos, el Hijo Divino de los hindúes era a menudo representado por la figura de un prepúber: Murugan, que significa “el bello.”

Sanat Kumara

Entre sus otros nombres están los de Sanat Kumara y Kartikeya, título que significa “Hijo de las Pléyades.” Tanto el dios griego Dionisos como el hindú Kartikeya estaban íntimamente relacionados con las “Siete Hermanas” (las Pléyades), que siendo ellos niños se manifestaron físicamente como sus niñeras. Y al igual que Dionisos, Kartikeya/Murugan habría nacido de la Madre Tierra, la Shakti hindú, nombre que significa “Energía”, al aparearse ésta con el invisible Padre Celestial, Shiva.

Dionisos crucificado con las siete estrellas de las Pléyades brillando en el firmamento. (Public Domain)

Dionisos crucificado con las siete estrellas de las Pléyades brillando en el firmamento. (Public Domain)

Tanto Dionisos como Murugan se convirtieron en soberanos de la Tierra, pero también fueron famosos como grandes guerreros que combatían empuñando diferentes versiones de su arma favorita: la lanza. Dionisos portaba el Tirso, y Murugan se enfrentaba a sus enemigos en el campo de batalla utilizando su lanza “Vel”. Tanto Dionisos como Murugan se convirtieron finalmente en comandantes de grandes ejércitos de nobles soldados, que luchaban por Zeus o por Shiva, el Padre Celestial.

Joven Dionisos empuñando el Tirso. (Public Domain)

Joven Dionisos empuñando el Tirso. (Public Domain)

Murugan con la lanza Vel (Public Domain)

Murugan con la lanza Vel (Public Domain)

La herencia solar de Mitra

En la misma época en la que Alejandro y sus hombres se daban cuenta de las similitudes existentes entre Kartikeya y Dionisos, otro equivalente de estos dos Hijos Divinos era venerado tanto en la India como poco tiempo después en Persia. Se trataba de Mitra, el Hijo de Dios. El nombre de Mitra sugiere etimológicamente amistad, contratos, mediación y equilibrio.

El dios solar Mitra. (Public Domain)

El dios solar Mitra. (Public Domain)

Mitra guarda relación con el equilibrio que nace de la unión de la polaridad universal masculino-femenino. Como Kartikeya y Dionisos, Mitra era el resultado de la polaridad universal. Su madre era la Tierra, y su Padre Solar Celestial era conocido por el nombre de Ahura Mazda. Tanto Murugan como Mitra mostraban de forma explícita su ascendencia solar por medio de sus característicos estandartes solares, así como teniendo entre sus animales más sagrados al colorido gallo. Reconocido en todo el mundo como el animal solar por excelencia, el gallo canta todas los días para garantizar el nacimiento del sol cada mañana.

Mitra (izquierda) en un relieve de investidura del siglo IV d. C., Taq-e Bostan, Irán Occidental. (CC BY 2.5)

Mitra (izquierda) en un relieve de investidura del siglo IV d. C., Taq-e Bostan, Irán Occidental. (CC BY 2.5)

Mitra fue finalmente adoptado por los persas convirtiéndose en Mithras, el adorado monarca-guerrero-general de las legiones romanas. Mitra o Mithras se identificaba con el espíritu encarnado por los muchos emperadores romanos que ocupaban el trono del mundo y se proclamaban reyes universales. Por otro de sus nombres Mithras era el Sol Invictus, un epíteto sinónimo de Padre Solar Celestial. A fin de honrar a su adorado Mithras, el emperador Carlomagno eligió el domingo, día del sol, como el día sagrado de la semana por excelencia.

Jesús, encarnación del Hombre Verde

Ahora es el momento de abordar la leyenda de Jesús, de quien creen los cristianos que es el Hijo de Dios y que sigue siendo a día de hoy una de las últimas versiones del antiguo Hombre Verde. Su ascenso a la fama dio comienzo en la cumbre de la popularidad de Mithras, cuando un futuro soldado romano de nombre Saulo nació en Tarso de Cilicia, el gran bastión de la fe mitraica en Oriente Medio. Desde una edad muy temprana, Saulo o Pablo fue adoctrinado en los misterios de Mithras por los soldados romanos, a quienes servía a diario tejiendo sus tiendas. Mientras se criaba en Tarso, Pablo aprendió de estos soldados que Mithras había nacido en un pesebre de una madre virgen un 25 de diciembre, rodeado de pastores. Aprendió que Mithras era Uno con Ahura Mazda, su Padre Celestial, y que se había encarnado en la Tierra para realizar la tarea de su Padre. Y también se le instruyó en que tras una batalla prolongada con Ahrimán, el Maligno, Mithras reunió a doce discípulos para una Última Cena, en el transcurso de la cual todos los presentes consumieron una comunión de pan y vino, alimentos que simbolizaban respectivamente el cuerpo y la sangre del dios. Mithras murió poco después de esta cena, pero resucitó de entre los muertos tres días más tarde. A continuación, mientras se preparaba para su Ascensión a los Cielos, Mithras profetizó su retorno en el Fin de los Tiempos para librar su última batalla contra Ahrimán.

Cuando Pablo tuvo edad suficiente fue enviado a Jerusalén con otros soldados romanos para hacer guardia en algunos de los templos judíos de la ciudad. Según el historiador del cristianismo primitivo Epifanio, Pablo no era judío cuando llegó a Jerusalén, pero se convirtió a la fe judía tras enamorarse de la hija de un sacerdote judío y pretender su mano para casarse con ella. Al ser rechazada su proposición, Pablo descargó su furia en numerosos judíos, incluidos los Ebionitas, “Los Pobres,” una secta judía que defendía la figura de un hombre santo fallecido recientemente de nombre Jeshua ben Josef. Cuando Pablo tuvo conocimiento de toda su leyenda, muy pronto empezó a relacionar a Jeshua con el Hijo de Dios persa. Sus sospechas sobre el vínculo especial que unía a ambos personajes fue haciéndose cada vez más fuerte a medida que recordaba una profecía persa: que Mithras volvería a la Tierra en el Fin de los Tiempos para librar su última batalla contra Ahrimán. Según los sacerdotes del Templo de Jerusalén, el mundo se encontraba al final de la Era de Aries y el Fin de los Tiempos había llegado realmente, lo que encajaba perfectamente con el hecho de que Mithras se hubiese encarnado en esa época como Jeshua.

No obstante, la prueba más convincente a la hora de influir en el pensamiento de Pablo aún estaba por llegar. Ocurrió en el transcurso de su viaje a Damasco, cuando siendo aún soldado romano fue deslumbrado por una luz cegadora y arrojado de su caballo. Como ferviente devoto de Mithras, Pablo habría interpretado instantáneamente esta intensa luz como una manifestación de su adorado dios solar. Y poco después, cuando una voz brotó de la luz diciendo ser Jeshua y suplicándole que dejara de perseguir a sus seguidores, Pablo habría sabido con certeza que Mithras sin duda era sinónimo de Jeshua.

Detalle, ‘La conversión de San Pablo’. Pablo y sus compañeros son arrojados al suelo por una luz cegadora. (Public Domain)

Detalle, ‘La conversión de San Pablo’. Pablo y sus compañeros son arrojados al suelo por una luz cegadora. (Public Domain)

Cuando Pablo se retiró del ejército romano, muy poco después viajó por todo Oriente Medio para comunicar a los gentiles su descubrimiento: que el salvador del mundo había llegado y había resucitado. Y en el transcurso de sus viajes creó la nueva religión que sería conocida como “cristianismo”. En esta nueva fe, Mithras acababa por ser completamente asimilado por la figura de Jesús, que a partir de entonces adoptaría la historia de la vida, los títulos y las características adscritos originalmente al antiguo dios solar de los persas. Entre estos títulos se encontraban los de “el que es Uno con el Padre” y “Único Hijo de Dios.”

Gracias a San Pablo y a su mito de Cristo, el antiguo Hombre Verde se vistió con nuevas galas. Bajo la forma de Jesús, el antiguo Hombre Verde podía ahora recuperar su hegemonía como una de las figuras religiosas más veneradas que ha habido jamás en todo el mundo.

Autor: Mark Amaru Pinkham

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Descubre al fín TODA LA VERDAD sobre el MITO de Jesucristo

¿Cuál es el origen de la leyenda de Cristo, el hijo de Dios nacido de una virgen un 25 de diciembre? Estoy seguro de que están ustedes familiarizados con su historia, según la cual nació en un pesebre rodeado de pastores y a continuación creció para ser Uno con su Padre en los Cielos. Y sin lugar a dudas podrán traer a la memoria la secuencia de acontecimientos que se produjo cuando este Cristo, Hijo de Dios reunió a sus principales discípulos antes de soportar todo lo que le hicieron y resucitar tres días más tarde. Finalmente, tenemos la escena hacia el final de su tiempo en la Tierra, en la que profetiza su retorno y a continuación asciende a los Cielos.

Ahora la pregunta que les hago es la siguiente: ¿Quién entre ustedes está en este momento murmurando entre dientes “Sólo puede ser la leyenda cristiana de Jesucristo”? Bien, para el resto, me permito informarles de que muchos años antes del nacimiento de Jesús, una leyenda idéntica a la suya fue la historia comúnmente aceptada de la vida del Hijo de Dios persa, Mitra. Y antes que Mitra, una leyenda muy similar ya había sido adscrita a muchos otros Hijos de Dios de todo el mundo, entre ellos el dios griego Dionisos, el egipcio Osiris, el sumerio Dumuzi y el hindú Murugan. De hecho, si seguimos remontándonos en el tiempo muchos miles de años atrás, descubriremos que esta leyenda universal surgió en realidad con el Hombre Verde, hijo divino de una diosa virgen que nació, murió y finalmente resucitó, en un ciclo cuya secuencia se repite todos los años.

De este modo, ¿cómo fue posible que esta leyenda tan común acabara finalmente siendo ‘escogida’ para convertirse en la leyenda de Jesús? Empecemos en el momento en el que aún era el mito del antiguo Hombre Verde, y sigamos adelante hasta la época del Hijo de Dios cristiano.

El antiguo Hombre Verde

En la época neolítica, en la que según dicen algunos “Dios era una Mujer,” la Diosa y su Hijo, el Hombre Verde, eran venerados por gentes de todo el mundo para renovar anualmente la abundancia material de los frutos de la Tierra. Surgió una leyenda universal acerca de ellos, dando comienzo la fecundación anual de la “virgen” Diosa Tierra por parte del Sol, el “Padre del Cielo,” con el consecuente nacimiento de su Hijo, el Hombre Verde. Este importante acontecimiento tenía lugar anualmente en torno al solsticio de invierno, cuando el espíritu del Hombre Verde, que llevaba un tiempo adormecido bajo tierra en el inframundo, era traído de nuevo a la vida. Pero aunque su espíritu durmiente había sido ya animado, el Hombre Verde aún no había despertado por completo. Esto no ocurría hasta algunos días más tarde, el 25 de diciembre, cuando el Sol o Espíritu Solar invertía definitivamente su camino descendente y empezaba a dar pasos de manera ostensible en dirección norte.

Éste era un importante ritual del tipo “como es arriba, es abajo.” Se creía que el Espíritu Solar renovado y revitalizado en las alturas celestiales había despertado de nuevo y revitalizado el espíritu de su hijo, que habitaba más abajo, en el interior de la Tierra. Y ahora, el futuro Hombre Verde podía comenzar su período anual de gestación en el útero de su madre, la Tierra virginal, antes de recibir un nuevo y resucitado cuerpo con la llegada de la primavera.

Escultura del Hombre Verde en un festival pagano. (CC BY-NC-SA 2.0)

Escultura del Hombre Verde en un festival pagano. (CC BY-NC-SA 2.0)

La leyenda de la Diosa y el Hombre Verde salta entonces al equinoccio vernal o de primavera, cuando el Hombre Verde está finalmente listo para emerger del útero de su madre. Este es el momento del año en el que la luz “masculina” es equivalente a la oscuridad “femenina”, y su polaridad masculino/femenino se unifican plenamente para producir una renovada inyección de energía vital que cubre y fertiliza la tierra. El cuerpo fetal del Hombre Verde está ahora listo para nacer del útero de la Madre Tierra bajo la forma de nuevos y tiernos brotes primaverales. Muy pronto, su resurrección anual será plena. Esto ocurrirá alrededor del mismo día que nuestra Pascua, una festividad religiosa moderna asociada con la resurrección mucho más reciente de otro Hijo de una virgen.

La leyenda del Hombre Verde recorre entonces los cálidos meses de verano, en los que el Hijo madura rápidamente al igual que crece y madura la vegetación en la naturaleza. Madura de hecho tan rápido, que el Hombre Verde no sólo se hace Uno con su Padre Celestial, sino que consigue aparearse e inseminar a su propia madre. Esta cohabitación produce un segundo influjo de fructífera energía vital sobre la Tierra, que se manifiesta como una segunda proliferación vegetal y acompaña a la cosecha. En último término, este hecho acaba acelerando el final del Hombre Verde, que poco después acaba muriendo con la decadencia de la vegetación y la caída de las hojas que se producen en otoño. ¿La causa de su muerte? Los sacerdotes que interpretaron su leyenda milenios más tarde aseguraban que moría por los pecados de la humanidad. Se creía en el pasado que a causa del pecado original no sólo la humanidad perdió su propio derecho de alcanzar la vida eterna, sino también el de toda la vida sobre la Tierra.

En las postrimerías de la era neolítica, cuando surgieron las civilizaciones para sustituir a otras culturas puramente agrícolas, la antigua leyenda de la Diosa y el Hombre Verde se extendió y adoptó tintes religiosos. Se convirtió de este modo en un mito oficial que era recitado anualmente y escenificado de forma dramática en templos y escuelas mistéricas de las nuevas e incipientes ciudades, naciones e imperios. Una de las características de esta línea de evolución del mito fue que el Hombre Verde adoptaba ahora el papel adicional de Rey del Mundo, gobernando a éste bajo la autoridad de su madre, la Tierra. Y en algunas versiones de la leyenda se decía que el Hijo encontraba la muerte al llegar el otoño a manos de su hermano sin escrúpulos, o de un dios oscuro y maligno.

Ishtar y Tammuz

En las ciudades de la antigua Mesopotamia, la leyenda neolítica se transformó en la historia de diosas como Inanna o Ishtar, que cada año daban a luz al Hijo, el Hombre Verde, futuro rey bajo el nombre de Dumuzi o Tammuz. Se decía entonces que Dumuzi/Tammuz crecía para aparearse con su propia madre, al tiempo que gobernaba la Tierra para ella. A fin de reflejar esta antigua leyenda en su cultura, los habitantes del Creciente Fértil coronaban a aquellos individuos de sus ciudades-estado reconocidos como encarnación de Dumuzi/Tammuz y siervos reales de la Diosa Inanna/Ishtar.

Grabado desenterrado en la sala principal del palacio de Arad. Representa dos imágenes casi idénticas de un hombre con la cabeza en forma de gavilla o rama, uno de ellos de pie y el otro tumbado en el suelo. La escena podría representar al dios de la fertilidad Tammuz o a una deidad similar, que moriría en otoño para resucitar en primavera. Museo de Israel. (CC BY-NC-SA 2.0)

Grabado desenterrado en la sala principal del palacio de Arad. Representa dos imágenes casi idénticas de un hombre con la cabeza en forma de gavilla o rama, uno de ellos de pie y el otro tumbado en el suelo. La escena podría representar al dios de la fertilidad Tammuz o a una deidad similar, que moriría en otoño para resucitar en primavera. Museo de Israel. (CC BY-NC-SA 2.0)

Esto también se cumplía en Egipto, donde los poderosos faraones eran considerados encarnaciones de Horus, el hijo de la diosa Isis, y gobernaban bajo la autoridad de ésta. Pero en la tierra de Kemet, aunque el espíritu del faraón que ocupaba el trono era Horus, su cuerpo físico estaba formado por Seth, el dios que regía la cristalización de la energía en carne física. Juntos, Horus y Seth eran los “gemelos” divinos que formaban el cuerpo físico y el espíritu del faraón, convirtiendo de este modo a los monarcas egipcios en representantes del primer y más grande rey, Osiris, el Hombre Verde.

Osiris, el dios egipcio equivalente al antiguo Hombre Verde del Neolítico. (Public Domain)

Osiris, el dios egipcio equivalente al antiguo Hombre Verde del Neolítico. (Public Domain)

Como el antiguo Hombre Verde, también Osiris moría y resucitaba anualmente de forma acorde con la vida y la muerte de la vegetación de la naturaleza. La ceremonia anual de la resurrección de Osiris tenía lugar en la época del año en que se producía la crecida del Nilo, cuando los primeros y tiernos brotes verdes de la naturaleza asomaban tímidamente sus frágiles cabezas sobre la superficie de la Tierra.

Sémele y Dionisos

En una de las versiones del popular mito egipcio de Osiris, el dios era asesinado por su celoso y maléfico hermano Seth cada año al llegar el otoño. Este acontecimiento se veía reflejado en la leyenda del equivalente griego de Osiris, el Hombre Verde Dionisos, a quien daban muerte cada año sus parientes los maléficos Titanes, pero que resucitaba más tarde. De forma parecida a como ocurría con el Hombre Verde Osiris, la madre de Dionisos era una diosa de la Tierra llamada Sémele, que significa “Tierra”, mientras que su padre era Zeus, el Padre Celestial.

Dionisos representado como Hombre Verde (Public Domain)

Dionisos representado como Hombre Verde (Public Domain)

A fin de despertar a Dionisos de su sueño al llegar el solsticio de invierno, las representantes femeninas de la diosa golpeaban ruidosamente ollas y cacharros mientras danzaban a lo largo de su procesión ritual hasta la cima nevada del monte Parnaso. Y tras recibir sus nuevos ropajes en el siguiente equinoccio de primavera, el Hijo Divino se regocijaba en la naturaleza junto con su reflejo y alter-ego, Pan, un nombre que significa “el Todo,” como en “Toda la Naturaleza.”

Como Osiris, Dionisos se convertía en Dios del Mundo, y al igual que su equivalente egipcio, Dionisos era reconocido por haber recorrido el mundo entero mientras enseñaba a sus muchos súbditos el arte de elaborar y beber ritualmente vino.

Un joven Dionisos. (Public Domain)

Un joven Dionisos. (Public Domain)

El vino procedente de la uva era considerado la sangre de la naturaleza, y al ser Dionisos la encarnación de la naturaleza, era también su propia sangre. De este modo dio comienzo el ritual de la sagrada comunión a través del consumo del cuerpo y la sangre del Hijo Divino.

Así pues, ¿cómo acabó la tan conocida leyenda del Hombre Verde convirtiéndose finalmente en la leyenda de Jesús? Empecemos repasando el mito del antiguo Hombre Verde y sigamos adelante en el tiempo hasta la época del Hijo de Dios cristiano.

El Hijo de Dios hindú

Cuando el conquistador macedonio Alejandro Magno llegó a la India, observó una gran cantidad de rituales en los que se veneraba la efigie de un Hijo Divino que le recordaba a su amado Dionisos. Esta semejanza resultaba tan evidente que Alejandro y sus hombres se sintieron finalmente en la obligación de exclamar: “Conocemos a vuestro Hijo Divino, también es el nuestro. Nosotros le llamamos Dionisos.”

La figura central de esta vasija decorada representa a Dionisos empuñando un Tirso. (Public Domain)

La figura central de esta vasija decorada representa a Dionisos empuñando un Tirso. (Public Domain)

De hecho, resultaba tan parecido el Hijo Divino hindú a Dionisos que surgió la leyenda de que el Hijo de Dios griego habría nacido en la India o pasado gran parte de sus primeros años siendo criado allí antes de viajar hasta Grecia. Además, se descubrió una ciudad llamada Nisa en la India, el mismo nombre de la ciudad en la que nació Dionisos en Occidente según la tradición, con lo que los ‘Hijos Divinos’ de griegos e hindúes se convirtieron en sinónimos. El nombre Dionisos significa “el Dios de Nisa.”

Al igual que su equivalente griego, el siempre joven y afeminado Dionisos, el Hijo Divino de los hindúes era a menudo representado por la figura de un prepúber: Murugan, que significa “el bello.”

Sanat Kumara

Entre sus otros nombres están los de Sanat Kumara y Kartikeya, título que significa “Hijo de las Pléyades.” Tanto el dios griego Dionisos como el hindú Kartikeya estaban íntimamente relacionados con las “Siete Hermanas” (las Pléyades), que siendo ellos niños se manifestaron físicamente como sus niñeras. Y al igual que Dionisos, Kartikeya/Murugan habría nacido de la Madre Tierra, la Shakti hindú, nombre que significa “Energía”, al aparearse ésta con el invisible Padre Celestial, Shiva.

Dionisos crucificado con las siete estrellas de las Pléyades brillando en el firmamento. (Public Domain)

Dionisos crucificado con las siete estrellas de las Pléyades brillando en el firmamento. (Public Domain)

Tanto Dionisos como Murugan se convirtieron en soberanos de la Tierra, pero también fueron famosos como grandes guerreros que combatían empuñando diferentes versiones de su arma favorita: la lanza. Dionisos portaba el Tirso, y Murugan se enfrentaba a sus enemigos en el campo de batalla utilizando su lanza “Vel”. Tanto Dionisos como Murugan se convirtieron finalmente en comandantes de grandes ejércitos de nobles soldados, que luchaban por Zeus o por Shiva, el Padre Celestial.

Joven Dionisos empuñando el Tirso. (Public Domain)

Joven Dionisos empuñando el Tirso. (Public Domain)

Murugan con la lanza Vel (Public Domain)

Murugan con la lanza Vel (Public Domain)

La herencia solar de Mitra

En la misma época en la que Alejandro y sus hombres se daban cuenta de las similitudes existentes entre Kartikeya y Dionisos, otro equivalente de estos dos Hijos Divinos era venerado tanto en la India como poco tiempo después en Persia. Se trataba de Mitra, el Hijo de Dios. El nombre de Mitra sugiere etimológicamente amistad, contratos, mediación y equilibrio.

El dios solar Mitra. (Public Domain)

El dios solar Mitra. (Public Domain)

Mitra guarda relación con el equilibrio que nace de la unión de la polaridad universal masculino-femenino. Como Kartikeya y Dionisos, Mitra era el resultado de la polaridad universal. Su madre era la Tierra, y su Padre Solar Celestial era conocido por el nombre de Ahura Mazda. Tanto Murugan como Mitra mostraban de forma explícita su ascendencia solar por medio de sus característicos estandartes solares, así como teniendo entre sus animales más sagrados al colorido gallo. Reconocido en todo el mundo como el animal solar por excelencia, el gallo canta todas los días para garantizar el nacimiento del sol cada mañana.

Mitra (izquierda) en un relieve de investidura del siglo IV d. C., Taq-e Bostan, Irán Occidental. (CC BY 2.5)

Mitra (izquierda) en un relieve de investidura del siglo IV d. C., Taq-e Bostan, Irán Occidental. (CC BY 2.5)

Mitra fue finalmente adoptado por los persas convirtiéndose en Mithras, el adorado monarca-guerrero-general de las legiones romanas. Mitra o Mithras se identificaba con el espíritu encarnado por los muchos emperadores romanos que ocupaban el trono del mundo y se proclamaban reyes universales. Por otro de sus nombres Mithras era el Sol Invictus, un epíteto sinónimo de Padre Solar Celestial. A fin de honrar a su adorado Mithras, el emperador Carlomagno eligió el domingo, día del sol, como el día sagrado de la semana por excelencia.

Jesús, encarnación del Hombre Verde

Ahora es el momento de abordar la leyenda de Jesús, de quien creen los cristianos que es el Hijo de Dios y que sigue siendo a día de hoy una de las últimas versiones del antiguo Hombre Verde. Su ascenso a la fama dio comienzo en la cumbre de la popularidad de Mithras, cuando un futuro soldado romano de nombre Saulo nació en Tarso de Cilicia, el gran bastión de la fe mitraica en Oriente Medio. Desde una edad muy temprana, Saulo o Pablo fue adoctrinado en los misterios de Mithras por los soldados romanos, a quienes servía a diario tejiendo sus tiendas. Mientras se criaba en Tarso, Pablo aprendió de estos soldados que Mithras había nacido en un pesebre de una madre virgen un 25 de diciembre, rodeado de pastores. Aprendió que Mithras era Uno con Ahura Mazda, su Padre Celestial, y que se había encarnado en la Tierra para realizar la tarea de su Padre. Y también se le instruyó en que tras una batalla prolongada con Ahrimán, el Maligno, Mithras reunió a doce discípulos para una Última Cena, en el transcurso de la cual todos los presentes consumieron una comunión de pan y vino, alimentos que simbolizaban respectivamente el cuerpo y la sangre del dios. Mithras murió poco después de esta cena, pero resucitó de entre los muertos tres días más tarde. A continuación, mientras se preparaba para su Ascensión a los Cielos, Mithras profetizó su retorno en el Fin de los Tiempos para librar su última batalla contra Ahrimán.

Cuando Pablo tuvo edad suficiente fue enviado a Jerusalén con otros soldados romanos para hacer guardia en algunos de los templos judíos de la ciudad. Según el historiador del cristianismo primitivo Epifanio, Pablo no era judío cuando llegó a Jerusalén, pero se convirtió a la fe judía tras enamorarse de la hija de un sacerdote judío y pretender su mano para casarse con ella. Al ser rechazada su proposición, Pablo descargó su furia en numerosos judíos, incluidos los Ebionitas, “Los Pobres,” una secta judía que defendía la figura de un hombre santo fallecido recientemente de nombre Jeshua ben Josef. Cuando Pablo tuvo conocimiento de toda su leyenda, muy pronto empezó a relacionar a Jeshua con el Hijo de Dios persa. Sus sospechas sobre el vínculo especial que unía a ambos personajes fue haciéndose cada vez más fuerte a medida que recordaba una profecía persa: que Mithras volvería a la Tierra en el Fin de los Tiempos para librar su última batalla contra Ahrimán. Según los sacerdotes del Templo de Jerusalén, el mundo se encontraba al final de la Era de Aries y el Fin de los Tiempos había llegado realmente, lo que encajaba perfectamente con el hecho de que Mithras se hubiese encarnado en esa época como Jeshua.

No obstante, la prueba más convincente a la hora de influir en el pensamiento de Pablo aún estaba por llegar. Ocurrió en el transcurso de su viaje a Damasco, cuando siendo aún soldado romano fue deslumbrado por una luz cegadora y arrojado de su caballo. Como ferviente devoto de Mithras, Pablo habría interpretado instantáneamente esta intensa luz como una manifestación de su adorado dios solar. Y poco después, cuando una voz brotó de la luz diciendo ser Jeshua y suplicándole que dejara de perseguir a sus seguidores, Pablo habría sabido con certeza que Mithras sin duda era sinónimo de Jeshua.

Detalle, ‘La conversión de San Pablo’. Pablo y sus compañeros son arrojados al suelo por una luz cegadora. (Public Domain)

Detalle, ‘La conversión de San Pablo’. Pablo y sus compañeros son arrojados al suelo por una luz cegadora. (Public Domain)

Cuando Pablo se retiró del ejército romano, muy poco después viajó por todo Oriente Medio para comunicar a los gentiles su descubrimiento: que el salvador del mundo había llegado y había resucitado. Y en el transcurso de sus viajes creó la nueva religión que sería conocida como “cristianismo”. En esta nueva fe, Mithras acababa por ser completamente asimilado por la figura de Jesús, que a partir de entonces adoptaría la historia de la vida, los títulos y las características adscritos originalmente al antiguo dios solar de los persas. Entre estos títulos se encontraban los de “el que es Uno con el Padre” y “Único Hijo de Dios.”

Gracias a San Pablo y a su mito de Cristo, el antiguo Hombre Verde se vistió con nuevas galas. Bajo la forma de Jesús, el antiguo Hombre Verde podía ahora recuperar su hegemonía como una de las figuras religiosas más veneradas que ha habido jamás en todo el mundo.

Autor: Mark Amaru Pinkham

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